Fue nuestro último B&B de nuestro viaje a Escocia y realmente nos llevamos una grata sorpresa. La casa está muy cerca del centro de Stirling, con lo que no hace falta el coche para visitarlo (únicamente el monumento a William Wallace). Es muy grande, la habitación enooorme (según el dueño era la más pequeña, pero no sé yo...), con dos camas de 1,35 (y eso que sólo ibamos 2), realmente cómoda. Y los techos altísimos, vaya, lo que viene a ser un caserón. Con el que tratamos mayormente fue con Donald, el dueño, y es muy simpático y hablador. Incluso intenta decir alguna cosita en español. Desayuno a elegir entre escocés, continental, y alguno más que no recuerdo, todo con tostadas, zumos y demás. El segundo día pedí un continental (ya estaba un poco saturada de tanto scotish breakfast) y me sacaron una fuente de fruta (melón, arándanos, fresas, uva, melocotón, pera,....) una cesta con 4 piezas de bollería, jamón, queso, tostadas.... vamos que no pude ni con la mitad... Una gran elección.
