Nos gustó mucho. Es un lugar muy muy tranquilo. Parece que el tiempo se ha parado en él. Está todo muy bien conservado y te llegas a creer que estás durmiendo en un convento (de hecho es un antiguo convento rehabilitado pero sin perder ni un ápice la esencia). Se agradece ese remanso de serenidad cuando viajas por Sicilia en agosto entre tanto turista y tanto caos circulatorio, además, al estar en alto en la montaña, por las noches refresca agradablemente.
La habitación no tiene ningún lujo: la cama, una repisa y un pequeño armario. Poco más. El cuarto de baño tiene los sanitarios antiguos pero no están viejos ni sucios en absoluto. El mobiliario sobrio y antiguo de las habitaciones y el baño contribuye a crear esa atmósfera de convento y de calma.
El desayuno a base de cornetos (croasanes) nos pareció delicioso.
El personal muy amable y todo muy limpio.
El entorno es precioso, la carretera hasta llegar al alojamiento es una carretera de montaña con bastantes curvas y con unas vistas espectaculares. Está muy cerca de Erice (un pueblo encantador que hay que visitar).
Hay que tener en cuenta que se necesita tener coche para alojarse en este lugar ya que está alto en la montaña.
Lo recomendamos.
