Los hoteles Campanile eran hace 20 años una idea innovadora y muy acogedora para etapas de carretera. Eran funcionales , cómodos y agradables a la vista. Su situación no siempre es la mejor pues suelen estar al lado de polígonos industriales pero la relación calidad precio los convertía en una opción. Los últimos años vengo observando un deterioro importante en estos hoteles,. Este de Rochefort daba miedo, el hormigón de las escaleras le da una aspecto siniestro, antes tenian jardineras con flores, ahora no. La habitación es oscura con suelo marrón de baldosa, puerta gris, cama sin colcha y mesita, banco y barra de madera totalmente destrozados. El olor al entrar super desagradable. Parecía una celda de castigo. La bandeja de cortesía, ya no es tal, sino un individual de papel y en vez de tazas , vasos de plástico. La palabra que mejor lo describe es cutre. Una renovación en toda regla se impone.Por su precio hay muchos establecimientos en Francia que aún sin ser tan conocidos son su alternativa al ser más modernos.
