La recepción da una mala impresión del hotel. La misma es linda, prolija, contraria a las habitaciones, las cuales son mediocres, sucias y malolientes, Cuando subimos por el ascensor, el olor a caño nos chocó. Nos ubicaron en habitaciones en diferentes pisos, sabiendo que somos una familia con niños. Después de protestar, nos cambiaron por unas, que realmente dejaban mucho que desear: sucias, con sábanas gastadas y en deplorable estado.
La comida era, como las habitaciones, pésima: nos quedamos una semana y nos dieron solo cinco platos para elegir durante toda la estadía. La carne era dura, que partía los dientes, y para peor, insípida.
Lo único rescatable fue la atención del personal, que si bien no fue excelente, tampoco fue mala.
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