Si bien el sitio no es muy bueno, pues a menos que dispongas de coche, estás perdido, el principal impedimento lo supuso, en nuestro caso, lo ruidoso del bar. En la semana completa de vacaciones que estuvimos allí, no exagero si os digo que no pudimos descansar a la hora de la siesta ni una sola tarde. El tipo del bar nos castigaba, tarde tras tarde, con música enlatada de pésimo gusto a un volumen insoportable. Fueron varias nuestras quejas a recepción, sobre todo cuando comprobamos que aquello no era un hecho circunstancial, sino el día a día del bar. Pero nada, telefoneaban delante de nosotros y al poco rato la música volvía a estar a un volumen insoportable. Por la noche, por si fuera poco, la música podía estar hasta las 2 de la madrugada tranquilamente a un volumen totalmente incompatible para el descanso (yo diría que incluso más fuerte que durante el día, pues aquello actuaba como "atrayente" de público de los hoteles cercanos, ninguno de los cuales tenía bar). Recuerdo una noche, creo que fue el sábado, que para colmo de nuestros males tuvimos que soportar la actuación en vivo de un tipo que "ensaltó" canciones sin parar, hasta bien pasadas las 2 de la madrugada.
Como decía, fueron varias nuestras quejas al hotel y, como era de esperar, la reacción del tipo del bar no tardó en llegar. La última noche que estuvimos allí tuvimos música hasta bien entradas las 4 de la mañana. Supusimos que se trataba de su venganza a tanta queja.
En nuestro caso, habíamos contratado un apartamento para 6 (muy amplio) y sólo éramos 4, así es que tratamos de dormir en las habitaciones más apartadas, pero no hubo forma. De verdad os digo que el tipejo del bar nos aguó las vacaciones.
En cuanto a limpieza, nada del otro mundo. Nosotros no comíamos en el apartamento, pues nos dedicamos a visitar todas las ciudades y pueblitos que pudimos, pero sí cenábamos a veces. Pues bien, las 3 migas de pan que echamos en la cocina se llevaron allí todo el tiempo que estuvimos. Las limpiadoras llegaban y como estuvieras en ese momento en la ducha y les dijeras que se pasaran más tarde, ya no había limpieza. Las toallas tenías que echarlas al suelo super mojadas para que te las cambiaran. Creo que los 3 primeros días me estuve secando con la misma toalla recogida del fondo de la bañera, debidamente doblada y vuelta a poner en su sitio. El cuarto día decidí que si la dejaba pingando pillarían la indirecta y creo que funcionó.
Las colchas de las camas tenían bastante mugre, la verdad. Las cortinas totalmente rotas y destrozadas daban algo de mala impresión. Los colchones estaban muy hundidos. Las sábanas sí estaban decentes.
En cuanto a la localización del hotel, como os decía al principio, es bastante apartada de la playa. Ah, se me olvidaba, llevaos el GPS o las pasaréis canutas para encontrarlo. Está situado en una zona que recuerda a una urbanización, con calles interminables de chalés y casas, con tan solo un par de mini supermercados algo carillos... por lo que orientarse por esas calles, especialmente de noche, es tela de complicado. Eso sí, la gente amabilísima para explicarte lo que fuera o incluso llevarte al sitio, las cosas como son.
En fin, que yo entiendo que a los extranjeros el sitio no les haya desagradado del todo. No olvidemos que ellos no ven el sol ni por asomo y que con una piscina y unas hamacas, digamos que medio tienen cubiertas sus expectativas. Pero de verdad os digo que la piscina era enana y que nosotros ni metimos el pie (además de porque nos hubiéramos ido para el tío del bar y lo hubiéramos ahogado allí mismo). En el momento en que a uno de los usuarios de la piscina se le ocurriese chapotear con una colchoneta de playa, aquello se quedaba más escuchimizado todavía... y con riesgo de que te metieran un arañón, claro. Tampoco había bañista, aunque era imposible ahogarse allí, claro; eso sí, alguien tendría que haber habido para decirle a los extranjeros que hay que ducharse antes de zambullirse y que hay que quitarse la camiseta, por muy quemado que estés, ejem, ejem. Justo al lado nuestra había una piscina de algún otro hotel y bueno, vaya envidia, pues algún bañito nos habríamos dado si aquello no hubiese estado abarrotado de gente a todas horas del día. Además, no había ni un trocito de césped...
La gente de recepción, ni fú ni fá. Vamos, que no se mataban por explicarte y, en cuanto al problema del ruido, plin. La recepción se cierra de 12.30 a 14, hora de la comida, cosa que no debe de extrañar a nadie... salvo al pobre extranjero que lo suelta su autobus con las maletas y tiene que esperar hora y media hasta que llegue el personal, como presenciamos más de un día. A nosotros mismos nos dijeron que hasta las 12.30 no podíamos recoger la llave y, cuando llegamos, estaban cerrando (así es que nos sentó un poco mal).
Otra cosa que también nos tenía algo intranquilos era que las ventanas y balcones estaban casi a ras del suelo. Así es que durante el día tenías que dejarlo todo cerrado a cal y canto... y por la noche, qué remedio, había que abrir ventanas para no freírse de calor (no hay aire acondicionado)... pero con la paranoia de que alguien se fuera a saltar, os lo prometo. Y no era sólo paranoia de las chicas, también de los chicos.
En fin, juzgad vosotros mismos. Si sois gente joven, quizás no os moleste tanto, pero si quieres descansar por la noche a la hora que te de la gana y echarte alguna que otra siestecilla para darte una vueltecita por la noche...
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