Estuve en esta Casa el pasado puente del Pilar, aunque solo pase una noche. La verdad es que el sitio es muy particular. La puerta de la entrada ya te traslada a 100 años atrás, de madera con aspecto de muy muy antigua. El interior sigue la misma línea, un patio con techo acristalado , muy luminoso, repleto de plantas y sofás con cojines "estilo tetería". No esperes una recepción al uso: en medio del patio, sobre una mesa redonda hay un libro donde los visitantes dejan frases sobre su experiencia en el lugar.
Nada más llegar, nos ofrecieron ver la suite y otra habitación, pues las dos estaban libres, para elegir la que más nos gustase. Aunque ambas mantenían el mismo estilo, nos decantamos por la suite. Bajamos unas escaleras y la habitación era de lo más original y mágica. Al baño con bañera quedaba a la izquierda con un lavabo creo que de barro bastante original. Al entrar tenías un sofá y a la derecha sobre un escalón quedaba la cama de matrimonio y un par de cojines en el suelo con una alfombra por si querías sentarte sobre ellos para tomar algo en "plan romántico". Efectivamente, esa misma noche, sobre esos cojines cenamos algo de queso y jamón que traíamos de casa con una botella de vino (nos dejaron el sacacorchos que se nos había olvidado!). En la habitación, los techos y paredes formaban arcos que daban mucha calidez al espacio. Y, sinceramente, me sorprendió la limpieza. En un lugar donde abundan las plantas con ese aspecto antiguo y tradicional, esperaba encontrarme algún insecto (mosca, mosquito...). Y nada absolutamente. La cama era muy muy cómoda y el silencio absoluto. La verdad es que descansamos muy muy bien.
Desayunamos también en la Casa, el precio quizá un poco caro (7'50 € por persona) comparado con cualquier bar cercano donde imagino que el precio rondaría los 2'50 ó 3 €. Pero bueno, merecía la pena. Una gran mesa con mantel a la que no le faltaba detalle: pan recién tostado, croisants, mermeladas con "trocitos", mantequilla, jamón serrano, queso, salami, leche, infusiones, café, dulce de straciatella, fruta, zumo de naranja natural y creo que no me olvido de nada. Todo en un salón junto al patio de la entrada y una ventana a la derecha con vistas al embalse de Arcos.
En general todo muy bien, la atención muy cercana, el precio fruto de una confusión entre uno erróneo que aparecía en una web de reservas, estuvo bien, 50 € la habitación. En caso contrario creo que ronda los 70 €, que tampoco está mal. Y la ubicación muy buena, en pleno centro histórico de una localidad bastante pintoresca como Arcos de la Frontera.
Pero como todo no podía ser perfecto, algunas pegas:
- El agua de la ducha era difícil atinar para que saliera a una temperatura aceptable y cuando parecía que, por fin, lo habías conseguido, aparecía un chorro de agua muy fría o muy caliente.
- La TV creo que no tenía TDT y no se veía. Digo "creo" porque tampoco preguntamos porque no tuvimos necesidad de verla.
- De esto, evidentemente, no tiene culpa alguna el alojamiento, pero Arcos es una localidad con muchas cuestas, escaleras... Y acceder con las maletas al lugar resultó un poco complicado. Al llegar nos dijeron que ellos facilitan un TAXI (que supongo que deberíamos de pagar) para que nos lleven las maletas a la puerta, pero bueno, somos jóvenes y no pasó nada. También se puede acceder en coche, pero Arcos tiene calles muy estrechas, empinadas... y no quisimos arriesgarnos a meternos en el interior del pueblo con el coche. Lo dejamos en Calle de la Puerta Carmona, que queda a unos 500 ó 600 metros de la Casa, pero, como digo, todo en cuesta.
A pesar de esos detalles, la estancia fue genial e hizo que, probablemente, La Casa de las Bóvedas se convirtiera en el alojamiento más acogedor y mágico en el que he estado nunca.
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