“Nos encantó. Localización perfecta”
Hotel moderno, de diseño, prácticamente al lado de la Plaza Vieja de la ciudad. Muy céntrico, por lo que no hace falta ningún medio de transporte para visitar el casco antiguo de Praga: se puede ir caminando al centro histórico, puente de Carlos, plaza de Wenceslao, etc.
La habitación es amplia y confortable. Tiene muchos detalles, como cama muy grande, albornoces y zapatillas, TV de plasma, lector de DVD, caja de seguridad, agua de cortesía...
Por haber reservado a través de la página del hotel, nos obsequiaron con dos botellitas de vino en la habitación.
El baño también es amplio, con espacio suficiente para colocar objetos personales y la bolsa de aseo. Además, disponíamos de una pequeña TV al lado del espejo. La bañera era grande, y en ella se podía tomar un baño y utilizar las sales que facilita el hotel. Además de jabón, champú y las mencionadas sales, también había crema hidratante corporal muy suave y con un perfume muy agradable. Secador de pelo y espejo de aumento. El espejo del baño es enorme y muy bien iluminado. Si hubiera que poner alguna pega, sería respecto a las toallas: son excesivamente finas y necesitarían ser renovadas. La taza del inodoro está colocada demasiado baja, por lo que puede resultar incómodo para personas con problemas de caderas o rodillas.
El aire acondicionado no se regulaba muy bien: había que ponerlo a temperatura muy baja en el termostato (que seguro no era la temperatura real) para poder alcanzar una refrigeración adecuada. A nosotros nos vino muy bien, porque los días que pasamos en Praga hacía un calor tremendo.
La habitación en sí combina bastante bien la funcionalidad con la comodidad y el diseño moderno. Es de agradecer la buena iluminación eléctrica, que no siempre se encuentra en los hoteles. Esto se consigue con diferentes lámparas que no afectan a la sensación de confort.
Las almohadas son enormes y cómodas.
Reciclan el papel y plástico de la basura en cada habitación.
El vestíbulo de entrada es acogedor y, a la vez, funcional. El personal de recepción es amable.
Disponen de diferentes espacios, como una sala de ordenadores a disposición de los huéspedes (con impresora), otra para tomar café o te a cualquier hora, así como sala de fumadores.
Además, hay wifi gratuito en todo el hotel.
El desayuno buffet es muy variado y de buena calidad: frutas frescas diversas, cereales, diferentes embutidos, tabla muy variada de quesos, yogures y muesli caseros, panes, huevos, salchichas, beicon, bollería y paselería caseras. Además, se puede encargar preparación de huevos al gusto, así como platos recomendados diariamente por el hotel. El servicio de la sala del desayuno es muy eficiente y rápido.
En definitiva, hotel muy recomendable. Volveríamos sin dudar en otra visita a Praga.
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