Es un pequeño hotel familiar en el que puedes sentirte como en casa. El personal es de los más atentos y amables que me he encontrado, incluso en hoteles con más estrellas y mucho más caros. Te ayudan con todo lo que puedas necesitar. Como detalle, al enterarse de que el día anterior a mi llegada había sido mi cumpleaños subieron a la habitación con una tarjeta de felicitación y una botella de cava regalo del hotel.
La ubicación es perfecta, según sales por la puerta estás en el comienzo del famoso puente Carlos, y a pesar de ello, es un hotel muy tranquilo. Por las noches no molesta ningún ruido.
