Este hotelito precioso, que solo tiene 16 habitaciones, es una delicia después de pasar un día ajetreado en el bullicioso centro de la ciudad, y eso que está a solo ocho minutos a pie de la plaza principal. Queda casi oculto al lado del enorme hotel Radisson, en la misma calle del Planty –un parque que rodea el casco viejo-.
Las habitaciones están decoradas con mucho gusto, muy limpias y los cuartos de baño están muy bien acabados. El desayuno consiste en un cuidado bufet de embutidos, quesos, fruta y zumos. No hay amplio salón ni bar, pero hay un bar de lo más intrigante delante del aparcamiento al que debes ir, siempre está muy oscuro.
Nos lo pasamos de maravilla en Cracovia, también fuimos a Auschwitz y a las minas de sal, todo organizado por el hotel. Vale la pena visitarlo.
(El único aspecto negativo de este hotel es que no hay aire acondicionado y que el aparcamiento está siempre lleno, incluso por la noche, así que, con las ventanas abiertas, se oye un poco el ruido. Hizo mucho calor durante nuestra estancia, pero en recepción nos dieron un ventilador, de modo que pudimos cerrar las ventanas por la noche.)