Nos quedamos en una habitación triple en este albergue. Realmente no merece la pena, ya que era una doble pequeña a la que le habían metido otra cama incomodísima. No había espacio ni para dejar las maletas. Las cortinas estaban rasgadas, las lámparas rotas, y por la noche se pasaba mucho calor en la habitación...
No hay internet (aunque lo anunciaban como servicio gratuito en su web). El desayuno lo sirven en un sitio inmundo. Es una especie de after-hour (abierto 24h) en un sótano, sin ventilación, con musicón y oliendo a tabacazo. Merece mucho más la pena comprarse cualquier cosa y desayunar en el patio interior, si es que no hace mal tiempo. TIenen una micrococina ¡en la tercera planta!, que parece ubicada para que la gente no la use (hay que recorrerse medio edificio para encontrar un lugar donde sentarse a comer)
Las chicas de la recepción son guapas y atractivas pero no superamables, la verdad.
Ni siquiera el precio merece la pena. Aquí, pagando con varios meses de antelación, nos salió (en triple) por unos 20€ por persona, sin desayuno. En el hotelazo de enfrente, reservando la semana antes, salía por 35€ (en doble y con buffet increíble, en un sitio de verdad agradable, por la mañana). A no ser que se esté pelado de dinero, merece la pena pagar la diferencia
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