El lugar es precioso, es pequeño pero las habitaciones son amplias y muy bien equipadas. La decoración está muy, muy cuidada siendo cada habitación personal. En cuanto al personal indescriptible. Tanto Mourad, como Hanna y su propietario Alain son extremadamente atentos, ofreciéndose a solucionar cualquier imprevisto que pueda surgir.
Desde luego, si queréis pasar unas vacaciones de ensueño, bien con la pareja, bien con los niños y niñas, éste es el lugar adecuado.
Por cierto, si váis con niños sabed que el desayuno está muy completo (zumo natural, crepes o dulce casero, pan con mantequilla y confitura y leche) además hay una perrita muy mimosa y dos galápagos que andurrean por el patio como si tal cosa.
