Callejeando por las estrechas y calurosas calles de la medina y a tan solo 2 minutos de la Plaza Jemaa El Fna encontramos este precioso riads, nos abrió su discreta puerta su atenta y simpática dueña, Veronique, que nos hizo sentir en todo momento como en casa.Un oasis en la medina donde tras un ajetreado dia puedes descansar y relajarte en la piscina con una decoración cuidada al detalle tanto en las habitaciones como en todo el riads para hacerte sentir especial.El desayuno te lo sirven en una maravillosa terraza acompañados de yogures, frutas, panes y mermeladas, todo delicioso. Muy recomendable. No dudaré en repetir cuando vuelva.
