Tras un agetreado viaje desde Madrid de 6 horas en vez de las 1,45 anunciadas, nos recogieron en el aeropuerto y nos introdujeron de lleno en la locura de la vida de la Medina... estábamos inmovilizados por el impacto de la temeraria conducción de aquel joven “guaperas” entre motos, bicis, burros, carros tirados por personas, miles de niños y mayores,... hasta que llegamos a otra calle idéntica a las anteriores, donde el taxi paró. Sólo esperábamos que se hubiera confundido, y que el taxista subiera de nuevo al vehículo y nos encarriláramos al destino que imaginábamos... Pero no fue así, y caminando bajo la lluvia llegamos a LA PUERTA... LA PUERTA, era una de esas puertas que podrían haber inspirado a Lewis Carroll a encaminar a Alicia en su nuevo mundo, ante la que esperas que te den una galleta para hacerte más pequeñita para poder entrar en el maravilloso país. Pero cuando, tras el "Toc Toc", la puerta se abrió, no hizo falta ningún dulce para animarnos a entrar al paraíso. Realidad y ficción se confundían mientras dos encantadores franceses nos mostraron lo que durante 6 días fue nuestro hogar, dulce hogar… INCREIBLE. Desde el principio se rindieron tanto a nuestras necesidades, como a nuestra ignorancia, y en 20 minutos se convirtieron en nuestra “2ª madre” aconsejándonos no hablar con extraños. Nos enamoramos de las 2 habitaciones en las estuvimos, disfrutamos de las manos de las cocineras y su buen hacer y por las noches, nos acercábamos al África más primitivo gracias a las conversaciones con Mustapha, el joven marrakechí que tanto nos enseñó.
Mis más sinceras gracias a todos! Y tened por seguro, que si la crisis lo permite, el cuento se repetirá...
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