Es un riad muy familiar y coquetamente decorado con artesania marroqui que te gustaría llevarte a casa o comprar en el zoco! Todo el riad, los tres pisos: patio, habitaciones y terraza son muy acogedores, como sus gestores, que están en todo momento atentos a tus necesidades. La mirada, hospitalidad y sonrisa de Amira (cocinera) no se nos olvidará!
A escasos 5 minutos de la plaza (sólo la primera vez cuesta encontrarlo - incluso de día hay que pedir ayuda). De noche es muy oscuro pero es un barrio seguro y hospitalario. Muy cerca de la bulliciosa calle Dabachi pero llegar al silencioso riad es un paraiso! Se duerme de miedo!
El desayuno es completo y soleado....
