Llegamos una mañana con mucha niebla y frio. Nos sentimos mal por la altura 2.000m y nos proporcionaron una atención inmediata de checking y mates de coca para aclimatarnos. Son gente sencilla, muy atenta y muy profesional! Nos trataron como en casa. El desayuno servido en una preciosa terraza frente a un jardin hermoso bajo el cielo azul y limpio de la ciudad. Desayuno con frutos tropicales, queso y leche excelente propia de la zona. Las habitaciones grandes y cómodas y con calefacción, elegir preferiblemente las que dan al jardin/piscina interior. Tienen un bar con un pianista fantástico y unas cenas con comidas tìpicas e internacionales muy buenas y copiosas. Se invita un pisco sour todas las tardes!! no perderselo.
