Llegamos a Split una lluviosa tarde de abril, y nos pusimos a buscarlo entre las callejuelas del casco antiguo, y nos costó un poco encontrarlo porque está algo escondido, aunque en pleno centro: a un par de minutos andando están el Palacio Diocleciano y el paseo marítimo de Split.
El hotel es moderno, tiene amplias habitaciones, con camas 'king size' comodísimas, decoradas de forma moderna y confortable. El baño amplio, con un buen surtido de toallas y amenities.
Sin embargo, las zonas comunes del hotel son mínimas, hecho que se nota, por ejemplo, a la hora de desayunar. El espacio es muy reducido lo que se traduce en poca variedad y cantidad en la oferta del desayuno, aunque la calidad de la comida es buena. El resto de servicios del hotel parecen inexistentes: TV por cable sin apenas canales, no hay ordenadores con conexión a Internet, aunque el hotel es área WIFI, no hay servicio de habitaciones, minibar y poco más.
El personal fue muy amable y servicial en todo momento, y es un buen hotel, pero el precio de las habitaciones es excesivo para la escasez de servicios que ofrece, creo que en parte por lo reducido de sus instalaciones. Un hotel para pasar una o dos noches como mucho...
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