Es viejísimo (de cuando el imperio austro-húngaro), las camas son horribles y te dejan la espalda dolorida... pero este hotelito de 3 estrellas tiene ese encanto inimitable de lo auténtico, el personal es muy amable y de trato excelente y encima el hotel tiene acceso directo tanto a la playa como al famoso "lungomare" por la puerta de atrás que da al jardín/restaurante/playa. Sólo por eso ya vale la pena.
El restaurante, además de habitaciones con vistas al mar, tiene una terracita justo encima del Adriático con vistas a la isla de Cres y al resto de la bahía de Kvarner y después de cenar junto al mar se puede pasear de noche por el "lungomare"... lo más romántico que habréis vivido en vuestra vida!
