A excepción del típico Maasai pesadito que se hace la foto contigo para que le des dinero, no hubo ni un solo aspecto negativo del hotel, eso sí, a este deberían atarle en corto porque era demasiado cansino.
Estuvimos tan sólo dos noches y tuvimos mucha suerte desde el mismo día en que llegamos ya que pudimos contemplar el rojizo atardecer cayendo lentamente sobre el Kilimanjaro sin que hubiera nubes estropeando el momento. Tanto los dos amaneceres como los atardeceres fueron cada cual más impresionantes. Las fotos son de auténtica postal con los picos del Kibo y el Mawenzi con sus nieves perpetuas teñidas de rojo anaranjado.
La entrada al hotel con su recepción ya hace vislumbrar las excelencias del resort. Éste se encuentra inundado por inteminables jardines que acogen cientos de simpáticos monos vervet, todo cuidado hasta el más mínimo detalle. Abriéndose paso a través de la vegetación por los senderos de piedra encontramos los letreros que nos indican las posibles direcciones a tomar.
La zona de la piscina es realmente espectacular, entera hecha de piedra y rodeada de vegetación con la estampa del Kili al fondo; tengo la espina clavada de no haber aprovechado más esta zona, la única vez que estuvimos no había absolutamente nadie en los alrededores, parecía como si el hotel fuera nuestra mansión particular... qué buen baño nos pegamos antes de realizar el safari de tarde!
Las habitaciones son bungalows decorados al más puro estilo maasai, la cama muy confortable y un espacioso baño con una ducha que valía su peso en oro después del largo día de safari. 15 minutos sentados en la terraza de la habitación antes de acostarse son de obligado cumplimiento.
El bar Hemingways con su simpático camarero es algo que tampoco debemos dejar pasar, ese rato nocturno alrededor de las 10 de la noche esperando a que salga la hiena a comerse el trozo de carne que le ponen en el hotel mientras el camarero dice 4 chorradas está divertido.
Finalmente decir que el restaurante estaba perfectamente orientado hacia el Kilimanjaro, por lo que almorzar con esas vistas hace que la comida en sí se convierta en algo secundario. Y ya que comento lo de la comida, decir también que todo estaba muy bueno, tanto el buffet como la carta.
Sin duda repetiría en este hotel y por supuesto lo recomiendo a cualquiera sabiendo que quien allí se aloje quedará plenamente satisfecho.
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