Es un buen hotel, no de 5 estrellas pero bueno. Las habitaciones limpias pero los muebles y el baño algo antiguos (el pomo del armario se rompió nada más abrirlo y la bañera se salía). En general me gustó el hotel. El personal atento aunque entendían algo de inglés, porque el español ni pensarlo. El penúltimo día el señor (por llamarlo de alguna manera) de recepción, se comportó fatal, se negaba a devolvernos los pasaportes y decía que fueramos en el momento de realizar el check out. Al final me los devolvió de muy mala manera porque no paré de insistir en que eran míos y que los quería en ese momento. Desde luego no pegaba esa persona ni para el peor hotel del mundo.
La situación es muy buena y si te toca una habitación en los pisos superiores tienes muy buenas vistas. A pocos minutos del metro y de la calle Arbat. El metro es muy fácil de usar si llevas contadas las paradas y está a dos paradas de la plaza roja.
El problema está en la comida. Desayuno escaso y muy mal atendido, sin reponer en muchos casos las bandejas o los zumos, es decir, o llegas pronto o cuesta comer. Había poca variedad pero eso no fue lo peor. En la comida y la cena encontrarás siempre la misma comida: algo de ensaladas, un caldo, arroz, patatas, pollo recalentado y bastante malo o nuggets, pescado (siempre el mismo, a veces a la plancha y por la noche con queso) y ternera en salsa (a veces cortada en filetes, a tiras o cuadros). Así que la variedad no era muy amplia. Los postres no demasiado buenos y repetidos en comida y cena. Desde luego ni en los peores hoteles he comido tan mal, con tan poca variedad y tan recalentado todo.
Recomendaría este hotel sin comidas o como mucho el desayuno.
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