Fui con mi pareja y dos amigas mas y me sentí como en casa gracias sobretodo al servicial y amigable staff y especialmente del dueño, Paulo. Con nosotros se volcó en atenciones y informaciones y me da la impresión de que lo hace con cada uno de los huespedes que tiene. Habla, además de portugués, inglés y español perfectamente (y seguro que se defiende en algún idioma más). Cada mañana pone en un cartel en la recepción muchas actividades culturales que se pueden encontrar en la ciudad.
El hotel en si no es muy grande pero es muy agradable y las habitaciones están limpias y todas con baño dentro y ventilador. El desayuno por la mañana lo sirven hasta las 12 para como dice Paulo: "no tener que madrugar que para eso estáis de vacaciones". Además cuenta con un ordenador con internet gratuita a disposición de los huespedes.
Un hotel superrecomendable tanto por su localización como por las facilidades que ofrecen y al que volveré si vuelvo a Salvador.
Un pero que podría poner pero que no es tanto del hotel como del barrio del Pelourinho es que se respira música en todas partes y eso hace que se escuche música en las habitaciones (de todos los hoteles, diría) hasta bien entrada la noche.
No os lo penséis que no os decepcionará.
