El hotel Lancaster Othon Travel está situado justo enfrente de la playa de Copacabana, entre los postos 2 y 3.
Puedes llegar cómodamente desde el aeropuerto utilizando el autobús azul (9 reales). Tarda aproximadamente 1 hora, y es moderno y cómodo (además de seguro).
El personal de recepción, en general, es agradable y correcto. Suelen hablar en español.
Los dos ascensores, muy antiguos y algo pequeños. Justo cuando nos marchábamos iba a poder usarse uno nuevo, pero como no llegamos a verlo por dentro no puedo opinar.
Nuestra habitación daba al mar, y las vistas merecían la pena. Creo que, aunque sean un poco más caras, son más agradables que el resto: disponen de terraza y son amplias. Además, si están ubicadas en pisos altos, no se oirá tanto el ruido de la calle (la Avenida Atlántica está muy transitada por coches, sobre todo en horas punta).
Las habitaciones no tienen nada extra, pero la cama es muy cómoda. Hay una pequeña nevera donde, además del minibar, hay espacio para guardar alguna botella de agua o refresco. No es raro ver hormigas, incluso en los pisos elevados. No hay secador para el pelo.
El desayuno está bien, pero la sala se queda pequeña y no es raro que haya que esperar para conseguir mesa. Creo que lo peor eran los zumos (tan aguados que no sabían a nada) y la bollería. El café, sin embargo, bastante bueno.
En general es un hotel anticuado, que se beneficiaría mucho de una buena reforma. Quizás por eso, su precio no es tan elevado como otros situados en la playa de Copacabana.
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