A pesar de ser el huésped más viejo con muchas décadas de diferencia, me sentí muy bienvenido y en seguida pasé a formar parte del ambiente familiar y relajado del Harmony durante nuestra estancia de 11 noches.
Nuestro chalet estaba en la playa, literalmente a unos pasos de la arena, y tenía aire acondicionado y baño con váter (estilo asiático del sudeste con cisterna manual), ducha y lavabo. La habitación era básica, pero estaba limpia y la hacían cuando se lo pedíamos. Hicimos todas las comidas en el restaurante Harmony. El menú era amplio y los platos tailandeses extraordinarios. Al atardecer las mesas de la playa estaban puestas con velas, había música y el personal del restaurante te cuidaba muy bien, enseguida se aprendió nuestros nombres y preferencias. Dave y su encantadora pareja Kwan, eran los perfectos anfitriones, atentos y paternales con los huéspedes jóvenes. Él se tomó tiempo para ver lo que necesitábamos, incluso nos obsequió con una cena especial de cumpleaños.
Adoramos la colección de animales que el Harmony compartió con nosotros. Los perros y gatos (todos muy mimados) contribuían al ambiente hogareño tanto como los libros y películas de la biblioteca de Dave.
La atención personal, con cariño y simpatía, que nos brindaron, la paz y los G&T ante la preciosa puesta de sol se quedarán en nuestro recuerdo por mucho tiempo. Nuestros mejores deseos.
- Harmony Beach Hotel
