Yo visité Marruecos con mi familia durante nueve días y una de nuestras primeras paradas fue el desierto de Merzouga y el Hotel Nomad Palace. Eramos dos jóvenes y tres adultos, lo cual hizo que se compartieran experienzas desde dos puntos de vista. A los cinco nos encantó el camino sobre el lomo de los dromedarios durante el atardecer a las haimas, así como ver caer el sol en el desierto del Sahara.
Durante la noche, en el campamento, la cena fue exquisita y la música tradicional un sueño. Paseamos bajo las estrellas escuchando las historias de nuestro guía Driss, sobre las constelaciones y como éstas guían a los bereber.
Mi madrina y su esposo, decidieron regresar al hotel, siendo dirigidos en carro por los guías, para estar más cómodos y nosotros en las haimas, donde tuvimos que abrigarnos bien.
A la mañana siguiente antes del amanecer tomamos de nuevo los dromedarios para poder observarlo desde las dunas del Sahara, una de las experiencias más memorables de mi vida. Los mismos dromedarios nos llevaron al hotel para poder tomar un baño y desayunar comida típica de la región.
La magia del desierto y el sabernos en África, en uno de los lugares más emblemáticos del mundo dejan de lado algunos detalles que en otras circunstancias podrían incomodar.
Disfrutamos mucho nuestra estancia en ese increíble lugar y no dudo que regresaré.
- Nomad Palace Merzouga
