Llegamos a La Terrasse des Delices de noche por una pista que está a punto de convertirse en una carretera que comunicará Ouarzazate con Agadir (id pronto por allí, antes de que lo invada el turismo masivo). Desde esta, hay un desvío a Fint, por una pista de unos 2 kilómetros. Tras recorrer la carretera desde Ouarzazate atravesando un auténtico desierto de piedras, el oasis aparece de pronto como un vergel de palmeras junto a un río encajonado entre montañas.
El hotel dispone de una terraza donde te sirven un magnífico desayuno, con estupendas vistas al palmeral, al pueblo (que alguien del lugar te ayudará a visitar si quieres, totalmente recomendable) y a las montañas.
Las habitaciones, pese a que la cama es cómoda, no son nada del otro mundo y el baño, con una potente ducha y sin problemas de agua caliente, debería estar un poco más limpio. Aún así, merece totalmente la pena alojarse en este sitio.
Por la noche, además de cenar aceptablemente, disfrutas de una divertida velada con la gente del hotel tocando percusiones y cantando temas folklóricos bereberes, y la vista del cielo estrellado es impagable. La gente que trabaja allí es encantadora y procuran que te sientas estupendamente en todo momento. En épocas de más calor se puede dormir en jaimas al aire libre, nosotros hemos ido en enero, con lo cual esa opción no era contemplable.
Nos quedamos con las ganas de pasar más tiempo allí, y hacer rutas por el valle que empieza en el pueblo de Fint, pero sólo disponíamos de una noche. Eso sí, lo disfrutamos a tope.
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