Dejamos atrás Ouarzazate, llegando allí a media tarde. Cenamos en la terraza de la Kasbah, a la vez que el sol iba desapareciendo entre las montañas. La vista desde esa terraza es única, como también lo fué el trato del propietario de la Kasbah, un hombre muy agradable. La cena y el desayuno muy correctos, descansamos muy bien, sin demasiado lujo por otra parte, las habitaciones son sencillas, el cuarto de baño es quizás lo único flojo, tampoco se espera mas, a fin de cuentas no deja de ser una vieja fortaleza hecha de adobe, donde lo importante es la vista y la fortaleza en si misma.
- Kasbah Ait Ben Moro Ouarzazate
