Llegamos un poco temerosos a Aguas Calientes, ya que habíamos tenido una mala experiencia en un hotel en Cusco y al ser A.C. tan pequeño prejuzgamos que nos pasaría algo similar.
El hotel queda cruzando el puente, exactamente enfrente de la estación de tren. En A.C. no vimos bicicletas ni motos, ni autos. Sólo hay una calle, aparentemente, que es lateral al río, de donde salen los micros al parque de Machu Picchu que van y vienen casi todo el día. Allí está el hotel.
Si bien la habitación a las 4 am se tornó ruidosa (daba a la calle y allí mismo estaba la “terminal” de buses a Machu Picchu) era excelente ver cómo iba la fila y decidir cuándo bajar para tomar el bus . Desayunamos, hicimos 20 pasos y tomamos el bus!
La ubicación es excelente; zona iluminada, sin subir cimas ni nada raro.
Nos recibió Haydeé, creo que es la dueña, con quien tuvimos el gusto de compartir largas charlas en nuestra corta estadía. Los peruanos son muy cálidos, amables, orgullosos de su cultura, y nos encantó poder conocerlos un poco más a través de ella y de Juan, que nos servía el desayuno meta charla y charla!
Ah, el desayuno buffet es buenísimo. No se pierdan la torta casera que tienen allí, que es espectacular!
El lugar es muy lindo, super cálido, con colores modernos, limpios (tiene pintura lavable!). Nos dieron una habitación con una camita adicional, que usamos para poner nuestras cosas (que eran pocas, pero tiene poco espacio para guardar / ventilar ropa).
El baño era muy largo! La ducha, muy buena y caliente a toda hora. Las camas, muy cómodas. La habitación era cálida y tenía un radiador eléctrico también.
El haber estado tan cómodos nos dio muchas ganas de volver directamente allí, aún sin pasar por Cusco! Vale lo que cuesta!
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