Aunque muy bonito por fuera, este hotel deja bastante que desear. El recibimiento fue muy caluroso, y el personal muy atento. Demasiado atento, la verdad. Tanto es así que no dejaron de intentar ofrecernos/vendernos sus servicios adicionales (pagando extra, claro) de masajes.
Tampoco aceptan una negativa por respuesta. Se empeñaron en que cenaramos en el jardincito interior y pese a nuestras negativas, al final lo consiguieron. Ah, y no dejaron de observarnos durante la cena. Algo bastante incómodo.
El menú era cerrado, sin opciones. Afortunadamente, comprendieron que mi mujer es alérgica al marisco y conseguimos que le dieran pollo. La cocina no nos entusiasmó, aunque eso ya va por gustos.
La habitación tenía una decoración de lo más personal, algo subjetivo, claro, pero lo que no admite discusión es el hecho de que el baño tuviera alfombrillas viejas y con pinta de sucias, la ducha estuviera separada del resto de la estancia por una cortinilla dudosa, y que las sábanas olieran a humedad. La televisión era toda local y mal sintonizada.
Eso sí, el desayuno fue espectacular. En resumen, un hotel decente, con fallos que no lo hacen merecedor de la categoría de lujo. En todo caso, yo lo calificaría de hotelito de pueblo.
- Manor Hotel Kandy
