Todo perfecto. Pero lo mejor: te tratan como si fueras el cliente más importante para ellos. Sólo desean agradar y que te sientas bien. Muy diferente a los macro hoteles de cadenas conocidas que están perdiendo la cercanía con el cliente.
Un ejemplo: en el precio iba incluido el alojamiento y desayuno. Uno de los desayunos no lo hicimos por tener que salir a una excursión muy temprano por la mañana. No hubo problema en que nos cambiaran ese desayuno por una cena ligera pero buenísima en un rincón idílico que tienen en el jardín (una especie de fogata de diseño).
Como detalle final, en la despedida parecía que nos íbamos de la casa de unos amigos. Salieron a la puerta del hotel para decirnos adiós mientras nos alejábamos con el taxi... ¿alguna vez a alguien le han hecho eso en un hotel?
Además, nadie desentona: ni la dirección, ni la recepción, ni el personal de servicio. Todos son agradables, amables y educados. Y siempre pensando en tu bienestar.
Sin duda, un hotel que mi mujer y yo nunca olvidaremos.
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