Este hotel está tan demandado que a pesar de intentar hacer la reserva con tiempo tan solo pudimos pasar en él dos de las tres noches que nos hubiera gustado.
Lo mejor que tiene es que cuando la pasas la puerta de entrada entras en una casa newar tradicional, con sus bellas ventanas, su patio y sus estancias pero todo adaptado a las necesidades del viajero. Todo está muy limpio, y aunque la decoración de las habitaciones puedes parecer justa en cuento a muebles (cama, cojines, mesita y armario) lo cierto es que no le falta un detalle, y en cualquier rincón encuentras una lámpara, una figura o una vela... El personal es atendo, dispuesto y discreto, y por si fuera poco, la casa está situada a apenas 5 min andando de la Durbar Square de Patan.
Cada habitación tiene un nombre, la nuestra fue la Kalash, y es bastante amplia, con una gran estancia para la cama y otra zona de estar, ambas con ventana al patio. El baño tiene la ducha directamente en el suelo, y ventana a la calle. No sé el resto de las habitaciones, pero esta tiene un defecto: si mides más de 170 es complicado moverte por la habitación pues los techos son muy bajos. Yo tenía que ir un poco encorvada, y en el baño ducharme agachada si quería lavarme la cabeza, y mido 172.... A pesar de ello, merece la pena alojarse en el hotel.
Las zonas comunes son el patio/jardín donde se sirve el dasayuno, que, cosa curiosa, cada día es diferente. Puedes solicitar otra cosa si no te gusta, pero ellos te dan la opción de probar diferentes alimentos durante la estancia.
Si cuidaran algún pequeño detalle como quitar las etiquetas de los espejos o sacar un poco de brillo a los grifos ganarían un poco en buen gusto.
