La ubicación, el trabajo de restauración e interiorismo del edifico son excepcionales. Lamentablemente el servicio no está a la altura. Es un hotel pequeño, y choca que no te acompañen a la habitación. Las habitaciones son preciosas pero el mantenimiento muy deficiente (bañeras y duchas con suciedad intolerable). Poca diligencia frente a las quejas (informé de que un grifo y el mando de ducha estaban rotos, pero sólo arreglaron el grifo). La insonorización es mala, y las dos noches tuve que avisar para que apagaran la música de la cafetería, un sinsentido teniendo en cuenta que la cafetería estaba vacía y que eran las 00:20 h de la madrugada. El agua de la ducha tiene el mismo mal que en muchos otros hoteles, pues pasa de estar hirviendo a estar congelada. El desayuno no merece la pena, ya que pese a que ofertan bollería y tostada, cuando intenté pedir bollería me dijeron que el reparto de panadería no había llegado (eran las 9:00 am), y finalmente tuve que comer media tostada (sólo sirven media), que deduje que era del día anterior, pues como me dijeron, no habían recibido al panadero. El zumo no es natural, y los dos días tuvimos que complementar el desayuno en cafeterías cercanas, las hay buenas.
El parking está en otro edificio y es recomendable ya que es difícil aparcar bien por la zona.
En el check out aparecían desayunos de más que tuvieron que corregir.
En definitiva es un hotel con muchísimas posibilidades, pero con otra gestión. No recomendable por el momento.
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