El hotel es muy bonito en su aspecto exterior y las instalaciones comunes en el interior, también son estupendas. El personal del hotel, no es de lo más agradable, aunque eso sí, sus modos hacia los hospedados allí son de lo más exquisitos, siempre lo agradecen todo y ponen la mejor de su sonrisa en sus caras (aunque en ocasiones resulten un poco falsas). El parkin es gratuito, aunque no caben demasiados coches y parece que los fines de semana está todo lleno, aunque en la propia puerta del hotel también se puede dejar, hay un pequeño aparcamiento para dos o tres coches.
En cuanto a las habitaciones, hay que decir que están decoradas estilo rústico (lo más normal en un hotel de montaña) y son bastante grandes, con un pequeño saloncito con un sofa y una mesita. En la habitación que me dieron a mi, la bañera estaba picada y mohosa, y además no podía dejar la puerta del baño abierta, ya que el olor a cañería se colaba hacia la habitación. No era un olor que no se pudiese soportar, pero las cañerías olían. Además en todo el fin de semana que estuve allí, la calefacción la tenían puesta muy alta y casi todos los hospedados allí decíamos lo mismo: "aquí hace un calor tremendo".
Las comidas, no están mal, pero hay algo muy llamativo. Tienen dos restaurantes, donde las personas que llevan media pensión no pueden entrar. Además, a la hora de las comidas, hacian un poco de discriminación, para la media pensión eran platos a través de menús, eso sí, muy bien hechos y muy buenos. Pero para los que sí entraban en el otro restaurante, eran platos o a la carta o especiales, que las personas de media pensión veíamos pasar por delante de nosotros como se los llevaban al otro restaurante. "No creo que eso sea lo mas conveniente".
En fin, mi estancia allí, puedo decir, que pudo haber sido mejor. Aunque no se si todas las personas hospedadas allí, han padecido el mismo problema que yo.
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