Si vas a Mérida, no hay lugar mejor en el cual quedarte. Es una posada con personalidad, decorado con un gusto impecable y original. El staff es súper amable y la mayoría habla varios idiomas, lo que hizo nuestra estadía más agradable porque mi pareja no habla español, pero es muy conversador y está enamorado de Venezuela, así que sus preguntas fueron respondidas sin problemas. El personal de la recepción muy amablemente nos dio buenos consejos, desde donde comer, lugares de interés y de acuerdo a lo queríamos hacer, también nos recomendaron un taxista de confianza que nos llevara de paseo por los páramos, su nombre Juan (muy especial y conocedor del lugar). Esta posada, a pesar de estar en la ciudad de Mérida, tiene una vista muy bella y pintoresca. Los cuartos son cómodos y llenos de detalles, sin quejas sobre la limpieza o seguridad. El baño de nuestra habitación era un sueño, con una ducha espectacular. Tienen una computadora con conexión gratis de internet para los huéspedes. Dense una vuelta por el hotel, cada esquina está llena de piezas de obras de arte hechas por artesanos y artistas locales, vale la pena. El desayuno, muy amablemente servido y de una calidad insuperable. En resumen, no se lo pierdan!
Consejo sobre las habitaciones: Pidan cuartos con vista al pequno jardincito
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