A favor, su ubicacion. Y para los "puristas" que valoran la ubicacion, este hotel es idoneo. Si busca algo mas, tendra que encomendarse a la Divina Providencia. El edificio, perteneciente a un anacronico y excentrico grupo italiano, conjuga, de mala forma, apartamentos residenciales y habitaciones pseudo-hoteleras. Las instalaciones, en general, piden a gritos una modernizacion urgente. Curiosamente, los elevadores son de ultima generacion y deben de haber costado una fortuna, pero es una lastima que ese esfuerzo inversion no se haya hecho, de forma proporcional, al resto de las instalaciones que, como digo, necesitan modernizarse y reformarse. El lobby es correcto aunque la recepcion da sensacion de "antiguo". El check in es una loteria porque no todas las habitaciones son iguales ni del mismo nivel. Las "buenas", que serian estandard en cualquier clasificacion, son escasas. Y las "malas" son muy malas. Los aires acondicionados no funcionan correctamente y suelen condensarse y se bloquean. Si esto ocurre durante el dia, quizas tenga solucion, pero si a como a mi, ocurre despues de horas de oficina (que es el unico horario operativo de este presumido cinco estrellas), le tocara sufrir la humedad y el calor. En gran mayoria de las habitaciones, el mobiliario es decrepito y obsoleto. La distribucion de los espacios es caotica y obviamente solo corresponden a una distribucion de residencia, con espacios inservibles, cocinas vacias (ellos lo llaman "cocina privada"), huecos tapados con laminas de madera e iluminacion oscura y decadente. Los baños son del mismo nivel. En mi caso, solo una diminuta pastilla de jabon y un triste bote miniatura de shampoo/gel/jabon (todo en uno) barato son las unicas amenidades que nle reciben en este 5 estrellas. Si consigue sortear este trance en la Recepcion (el servicio no es brillante que digamos, solo promedio), baje al bar que si tiene cierto ambiente y es agradable. Tiene buen servicio y esta bien surtido. Su otrora famoso restaurante Palms, liderado por la tambien otrora famosa Chef Helena Ibarra es correcto y agradable. Es obvio que ambos, restaurante y Chef, tuvieron su esplendor en otra epoca pero, hoy por hoy, solo sacan un poco de renta del nombre y su reputacion. La carta es aceptable, mezclando platos asiaticos y gastronomia venezolana. La terraza en las noches le añade un plus muy valioso. Si tiene tiempo, suba hasta la azotea donde esta el Lounge 360° que tiene unas vistas espectaculares. El acceso y transito es algo complejo y debera de usar su intuicion para orientarse por escaleras, pizzerias, ascensores etc. Pero no es tan complicado. Una vez alla arriba. se encontrara con un publico local relajado, con buen ambiente y que sufre pacientemente el pesimo y apatico servicio. Pero no esta nada mal para tomarse una copa. La piscina es reducidisima, minimalista, testimonial y no creo que valga la pena siquiera considerarla. Tiene sumergidas unas viejas bicicletas fijas, oxidadas que entiendo alguien uso hace tiempo para hacer "spinning acuatico" y que ahora solo son un monumento a un pasado glorioso. El hotel, como menciono mas arriba, esta perfectamente ubicado, goza de buena seguridad y tiene parking. Tiene un caotico "business center" en las catacumbas del edifico en un sotano remoto pero es operativo. En resumen, si viaja por trabajo, unos pocos dias, consigue sortear el trance de la asignacion de habitacion, creo que vale la pena.
Consejo sobre las habitaciones: Discuta, negocie, ruege....y encomiendese....
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