Mi sobrino, un amigo mío de Caracas y yo estuvimos alojados en el Hotel Avila dos noches. Es uno de los varios estupendos hoteles de la zona del Caribe que construyó Nelson Rockefeller. Está ubicado en el barrio de San Bernardino, entre el centro y la base del Parque Nacional El Avila. Los jardines del hotel, seguros y con vigilancia, ostentan una frondosa vegetación, un camino de entrada circular, una fuente, piscina y pistas de tenis que pueden utilizar los huéspedes. El hotel tiene estilo tropical...estuco blanco, puertas de madera y sensación de abierto. Cuenta con una zona de recepción amplia, llena de luz y ventanales, y una zona de comedor y bar que se abren a la piscina. Algunos miembros del personal hablan inglés y cuando llamé de Estados Unidos e hice la reserva, no tuve problemas para comunicarme. Reservé para las fechas que necesitaba y me dijeron que el precio sería de 90 dólares la noche, con desayuno incluido.
Tampoco necesitaba dar mi número de tarjeta de crédito para asegurar la reserva. Sin embargo, para asegurarme de que tenía habitación, llamé de nuevo para confirmar unos días antes de llegar a Venezuela. Sí, tenía reserva, y podía pagar al llegar. Como está un poco más elevado que el centro de Caracas y en el pie de la montaña El Avila, el clima es moderado. No se necesita aire acondicionado y sopla una brisa agradable. La habitación en la que estuvimos se encontraba en la tercera planta, ala este. La habitación tenía una puerta sólida, pero también una de reja, de manera que cuando estábamos en la habitación, sólo utilizábamos esta última y abríamos el patio para que entrase aire fresco. Teníamos armario, cajones, mesita de noche y escritorio. La habitación tenía un baño, váter, bidet y ducha y bañera combinada junto con unos pocos artículos de aseo. Había dos camas de matrimonio y un ventilador de techo y televisión. Tuvimos problemas para hacer funcionar la caja fuerte y un miembro del personal vino y nos enseñó como se hacía. Más adelante tuvimos un problema con el váter y vinieron dos miembros del personal y cambiaron una pieza. Por la mañana comimos de un buffet de desayuno muy bueno que contenía varios tipos de zumo, patatas, huevos, bacon, pan, y otras cosas.
Había unos muchos cuadros bonitos y auténticos de Caracas y Venezuela por todo el comedor. En el vestíbulo hay una agencia de viajes y una tienda de regalos pequeñita. Concertamos un servicio que nos llevase a la pintoresca ciudad de Galopan a comer en lo alto de la parte caribeña de la montaña El Avila (aproximadamente 60 dólares por la excursión de 4 horas, transporte y comida en el Gran Natalia incluidos; unas vistas estupendas, una comida estupenda, gente simpática). Cogimos un taxi hasta el barrio de los museos y disfrutamos de la exposición temporal de Spencer Tunik que había en el Museo de Arte Contemporáneo. Aunque el hotel no se encuentra en mitad del barrio de negocios o de tiendas, es un lugar precioso, simpático y más tranquilo donde alojarse.