Hotel realmente bonito. Sólo la decoración invita al descanso, es elegante, distinguida, sus tonos claros transmiten paz y tranquilidad, lujoso pero sin estridencias. Habitaciones muy muy amplias, al igual que el baño (con bañera, ducha independiente y set de productos Bulgari). Fuimos de luna de miel y escogimos una habitación con vistas al mar y a la piscina, por cierto, la playa es preciosa y está muy limpia y cuidada. Además es una gozada ver cada mañana el amanecer desde el balconcito, que de balconcito tiene poco, es enorme. Y el detalle de la habitación... delicioso (fresones con chocolate). De las comidas no puedo opinar, pues no las probamos. Y con el personal digamos que no tuvimos mucho trato. Una pega que para algunos tal vez no lo sea pero sin embargo es algo que a mí me hace sentir un tanto incómoda. Cuando llegas al hotel hay demasiados mozos a tu disposición, que si uno te abre la puerta del coche, que si otro te ofrece un botellín de agua, el otro te aparca el coche, otro te lleva el equipaje, otro te abre la puerta del hall, etc, pero como siempre hay a quien eso le encanta.... En definitiva, una MARAVILLA.
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