Es un sitio diferente. Muy casero, lo llevan Mark y April, que atienden bien a sus huéspedes. No está tan cerca de Duval Street como otros hoteles, pero vale la pena alquilar una bici y dejar el coche. Tranquilo y agradable, tiene un porche espectacular para descansar por las tardes. El desayuno no está mal, aunque 2 de los 5 días que estuvimos no había leche.
Lo único que deben mejorar sustancialmente es la limpieza de las instalaciones y de las habitaciones. No se ven sucias, pero sí "justillas" en este aspecto.
