Hay algo al entrar a Casa de la Real Aduana que te abraza el alma, pero en realidad son varias cosas...La música que invade cada rincón de estas paredes centenarias, cada objeto lleno de historia esperando a que tu admires su vida pasada, los desayunos a lado de la chimenea, las orquídeas que respiran sólo después de que tú lo hagas,.. por que esto es así, esto es real y ocurre en este mágico y hermoso hotel.
Todo fluye y respira al ritmo que tú lo hagas y todo se convierte en un abrazo tranquilo, discreto y tan confortable que harás que recuerdes el lugar , y el equipo que lo hace realidad, para toda tú vida.
Mi esposo y yo queremos dar las gracias a Gemma, porque nos atendió de forma brillante, educada y correcta desde el primer contacto que tuvimos con el hotel a través de su web, por el servicio que nos dio estando ya hospedados junto a su esposo Didier, haciendo que nuestros días allí se conviertan en un recuerdo maravilloso de México pero en especial de el sentimiento que consigue saber que has conocido a dos personas especiales.
Un abrazo especial para todo el equipo del hotel y especial a Rocío que siempre estuvo de manera dulce y servicial en cada momento de la estancia, a igual que sus compañeros que fueron igual de eficientes y con un sentido del servicio que recordaré como de los mejores a lo largo de todos los viajes que he hecho en mi vida.
Sin duda alguna regresaremos a este hotel algún día, porque es de esos lugares que sabes que todo seguirá siendo igual de maravilloso que la primera vez.
En Casa de la Real Aduana tienes la sensación de que tú eres una invitada de la historia de edificio y por ello pasas a ser parte de su pasado... Todo un privilegio.
Nuestro cariño a Gemma y Didier por hacer que en el mundo haya un rincón que te haga soñar y te robe parte del alma para siempre.
Penélope Sierra.
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