Mi familia y yo pasamos el puente navideño en el Rodavento. Gozamos mucho nuestra estancia. El personal en general es muy amable y cordial. Es cierto que no es un hotel para quien busca confort citadino, hay que subir y bajar muchas escaleras (entre bosque!),pero si te gusta la naturaleza y deseas escaparte del mundo acelarado este es el lugar ideal. Las habitaciones son cabañas enclavadas en pleno bosque, cuya arquitectura respeta el entorno natural. Si disfrutas sentarte en una terraza desde la cual puedes observar aves y puedes cambiar tu costumbre de observar un aparato con pantalla por una chimenea encendida, si te gusta la bici de montaña, el rappel, no dudes en elegir este hotel.
Los guias para las actividades son muy profesionales y simpáticos, a nosotros nos llevó al tour de bici Eli acompañado de Mónica que nos tomó unas fotos magníficas. Ambos fueron encantadores. El masaje deportivo del SPA por Uriel es fuera de serie.
Algo que el hotel podría mejorar es el restaurante,. su menú es muy reducido
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