Mi esposa y yo nos hospedamos por 3 noches (habíamos pensado quedarnos 5) en este hotel, pensando que por su ubicación (es el único hotel grande bajo el concepto "resort" en toda la costa del estado de Yucatán) y por la promesa de un "resort todo incluído", sería una estancia muy agradable, pero desafortunadamente fue todo lo contrario.
Para empezar se nota que a las instalaciones les hace falta mantenimiento, además de que los edificios se notan viejos, de otra época, muchas de sus paredes están descarapeladas y existe una notable humedad en varias de sus habitaciones; los baños están bastante descuidados (el drenaje de la tina se tapó un par de veces durante nuestra estancia) y para empeorar las cosas hay una notable sobrepoblación de insectos, misma que no puede ser disculpable por estar en el trópico (nos hemos quedado en infinidad de hoteles de playa en prácticamente todas las playas mexicanas y jamás habia visto tal cantidad de insectos, incluyendo escarabajos, arañas y cienpiés, lo que denota que no han fumigado el área en años).
El servicio es PÉSIMO, en verdad de los peores que he experimentado, baste decir que no cuentan con botellas de agua en las habitaciones (algo que es de primerísima necesidad en un lugar con temperaturas prmedio superiores a los 30°C), y si por cualquier razón uno necesita tomar agua a mitad de la noche, simple y sencillamente EL HOTEL NO PUEDE PROPORCIONARLA, porque no existe el servicio a cuartos y el único restaurante cierra después de las 23:30hrs.
Además de todo esto, el concepto "TODO INCLUíDO" es un robo, realmente la comida es ESPANTOSA, vaya, al grado de que cualquiera de las múltiples "cenadurías" (pequeñas fondas que existen en casi todos los poblados de Yucatán) se come muchísimo mejor, no hablemos de la calidad de las bebidas, honestamente al ver marcas que son completamente desconocidas preferí no arriesgarme a tomar licor probablemente adulterado.
Además de todo lo anterior, en periodos vacacionales el hotel se llena a reventar, y la concurrencia no es precisamente la más selecta, puesto que en los balcones de muchas habitaciones se puede observar como muchos huéspedes cuelgan sus trajes de baño, ropa deportiva, toallas y hasta su ropa interior, y bueno, por si fuera poco los baños de la alberca despedían un fuerte olor a orines, como si no hubieran sido limpiados en días, tanto así que preferí subir a la habitación para no vomitarme mientras iba al baño.
Es un desgracia que existan lugares como este, que teniendo todo para ser excelentes (el lugar, la amabilidad de la gente yucateca, los recursos culturales y gastronómicos de la zona, etc.) se conviertan en un ejemplo de los peores hoteles en los que hemos estado, y si a eso se le añade que el precio no es precisamente módico (aprox. $1,500 p/p cuando fuimos), realmente puede catalogarse como un infierno para cualquier persona que busca una atención mínima y un poco de descanso y calidad en sus días de descanso.
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