Genial. Me encantó. Acabamos allí por casualidad, haciendo una parada no planeada en Golspie y fue todo un acierto y además, a un precio asequible.
Familiar, pequeño pero es de esos lugares que te hacen sentirte cómoda. Por los dueños, la familiaridad, por el bar-saloncito con unos sofás comodísimos junto a una chimenea donde puedes tomarte uno de los cientos de whiskis que tienen. Por el salón con ventanales que bien podría ser el salón de cualquier casa...con libros, revistas, juegos, películas en dvd que puedes subirte a la habitación (las televisiones tienen dvd incorporado). Por el salón del desayuno, grande y luminoso, con ventanales que dan a un jardin.
Por la situación, al lado de un pequeño campo de golf y frente al mar (tan cerca, que yo salí con mi vaso de zumo para tomármelo sentada a unos metros del agua)
Si es cierto que nuestra habitación, una doble normal no era precisamente muy grande, el lavabo estaba en la misma habitación y en el baño solo una ducha y el inodoro. Pero acojedora, con su cama llena de cojines... Tienen una habitación superior con vistas al mar. La nuestra, la número 15 daba al jardín trasero, y a las montañas (se veía incluso un monumento que soy incapaz ahora de deciros cual era). Tenía wifi (no muy rápido pero suficiente para mirar lo básico). Acabo de entrar en su página web, y he visto que tienen muchas fotos e información.
Pero realmente, es el tipo de alojamiento en el que no te importa ni el tamaño del cuarto ni del baño, porque compensa todo lo demás.
Sin duda, volvería. Y se lo aconsejo a cualquiera que esté de camino hacia el norte y prefiera pasar la noche descansando y en un lugar tranquilo.
