Llevábamos años queriendo quedarnos aquí, después de enterarnos de su ambiente marchoso, de su visitantes que por lo general son artistas y de su ubicación costera, pero ¡vaya decepción! La ubicación es sin duda fabulosa pero la comida sólo es mediocre. Cuando se abre la puerta principal te da un olor a rancio y las zonas comunes están sucias. No te dan un recibimiento a tu llegada, ni información y los propietarios son altivos. La habitación del último piso, desde cuyo pequeñísimo balcón se observan bonitas vistas, está limpia pero es hortera. 2 metros de cortinas de plástico de ducha que cuelgan sobre la bañera, una papelera de plástico con pedal que no funcionaba, minúsculas pastillas de jabón Palmolive envueltas en papel y cartones de plástico con leche. Todo esto seria previsible en un hostal decente (donde nos solemos hospedar) pero no es normal en un lugar donde se pagan 200 euros por noche.
- Druidstone Hotel Haverfordwest
