Pequeño hotel rural situado en un hermoso pueblo de la Provenza francesa. Situado en un alto, con unas excepcionales vistas del valle de las que disfrutas durante el ríquissimo desayuno. Las habitaciones son espaciosas, bonitas, limpias y con wi-fi. El baño es grande y hasta los jabones que te dan son de buena calidad. Tienen cocina con todo el equipamiento necesario para preparar comidas y nosotros pudimos cenar cada noche en la terraza (incluso nos regalaron una botella de vino). También tiene un gran jardín con piscina. La atención de los dueños es de 10. Además es un buen sitio de partida para descubrir los pueblos de Provenza. Para nosotros una estancia inolvidable y me olvidaba añadir que hay tartas caseras muy ricas de desayuno. Altamente recomendable.
