Estuvimos alojados en Lahaina dos noches. Elegimos el Aina Nalu porque no había muchos hoteles cerca del centro y tenían una oferta especial para el ejército(129$/la noche).
No estábamos seguros de qué esperar por culpa de las reformas. Una cosa que no nos gustó fue la aparente falta de ascensores, tuvimos que subir las maletas un tramo de escaleras. Estuvimos en una habitación que había sido reformada y estaba fenomenal eso de tener una cocina con todas las comodidades básicas (incluso platos y vasos, una cafetera, una tostadora, etc.), aunque no acabamos utilizándolas mucho. Nos encantó la decoración en general, aunque me pareció que algunas cosas podían haberse pensado mejor. La habitación era bastante pequeña y la cama ocupaba mucho espacio, así que era difícil conseguir saber dónde meter las maletas. Además, la cama estaba puesta de manera que estábamos a 90 grados de la pared (paralelos a ella). Esto dificultaba ver la tele y nuestras almohadas se nos escapaban de debajo de la cabeza.
Apreciamos tener baño nuevo, pero había dos cosas que no eran buena idea. La ducha es abierta (no tiene ni cortina ni puerta), lo que complica que las familias se alojen por la falta de privacidad. Además, el tocador no tenía espacio para apoyar cosas, por lo que no había donde colocar los productos de aseo.
Una de las cosas que de verdad nos fastidió fue el ruido que venía de fuera por la noche. Sonaba como si viniese del aparcamiento, aunque podría venir de una o dos calles más allá. Aunque el hotel puede que no tenga capacidad de hacer nada, el bongo que estaban tocando a las 2 de la madrugada era de lo más molesto. Así que alojarse a una calle de la principal tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Una vez dicho esto, diré que nos encantó la ubicación y poder caminar por todo Lahaina. La ciudad era divertida y tenía muchas opciones para comer asequibles de precio, estaba fenomenal por la noche. Eso solo ya hace que merezca la pena alojarse en el Aina Nalu. Echamos un vistazo a una de las habitaciones reformadas más grandes de nuestro pasillo y por el espacio extra (y el baño quizás también es mayor) puede que merezca la pena pagar. Si fuéramos de nuevo, probablemente nos quedaríamos en una habitación mejor. Le otorgaría al hotel el beneficio de la duda puesto que les puede quedar mucho por reformar, no vimos el proyecto terminado. Siempre que te des cuenta de que no es la típica habitación de hotel a la que estás acostumbrado, estarás bien.