Lo dicho, la situacion de este hotel es espectacular al borde de "la caldera" de SAntorini. Lo demás parece un alojamiento rural sin animales (bueno hay gatos). El maestro de ceremonias Fred es un abuelo que se encarga de las relaciones públicas y lo hace a conciencia (demasiada si uno no tiene ganas de conversación) pero el trato es estupendo y las indcaciones que recibimos para conocer mejor la isla fueron, en nuestra opinión, muy acertadas.
Una cosa, el hotel no tiene cartel y parece una cas particular por lo que si vais en coche preguntad bien porque si no dareis vueltas. Una ayudita: está al lado del restaurante Iris (y todavía lo mismo os perdeis)
