Visitamos el Hotel Palas, en Mamaina, Constanta, Rumania durante dos días en Junio de este año. Era mi primera visita a un país que había sido comunista, antes detrás de la Cortina de Hierro. Por la fecha de contracción, importantemente enseñada en la recepción del hotel, me quedó claro que se trataba de una edificación hecha la época comunista, la caída del Muro de Berlín, 1966.
El hotel está inmejorablemente localizado, pues con solo atravesar la calle, está la playa del Mar Negro. También empieza una línea de varios restaurantes y bares muy agradables y de variada calidad y servicio, sin faltar las siempre presentes pizzas y hamburguesas.
Los jardines son muy bonitos y grandes y con suficientes jardineros para tenerlos bonitos. La piscina al centro del jardín es grande y está bien cuidada, con suficientes tumbonas o camas de playa.
Las habitaciones están limpias y son buenas, aunque no muy grandes, tienen aire acondicionado y las alfombras han sido cambiadas hace poco tiempo. Los baños son limpios. La televisión es muy pequeña.
Las jóvenes que están en la recepción son muy amables y hablan varios idiomas, incluyendo inglés, francés, alemán y español. Tratan de hacer la estadía de los visitantes amena y placentera.
El restaurante tiene un pésimo servicio. Pareciera que no lo administra el hotel, sino que parece estar alquilado a terceros. El desayuno estaba incluido y era de regular a malo. Solicité edulcorante para mi café y parecía que había pedido algo difícil y estrafalario. Además, la actitud era como si me hicieran un favor. Lástima, el mal servicio de restaurante; podría ser un hotel muy agradable en un país muy acogedor en un entorno muy bonito.
