Formigal es un sitio pequeño y, a excepción del Meliá, el resto de hoteles están en el centro y próximos entre ellos.
El hotel tiene aparcamiento exterior gratuito, claramente insuficiente en épocas de máxima ocupación, y aparcamiento cubierto a razón de 11 euros/noche. En este último las plazas son anchas y cómodas, aunque la salida puede dar algún que otro problema a coches grandes.
Las habitaciones son amplias, aunque no todas igualmente luminosas ni silenciosas. Al llegar nos adjudicaron la 315, justo frente al ascensor y con vistas a una escalera de emergencia. Solicitamos el cambio a una habitación más tranquila y, a pesar de estar el hotel completo, se esforzaron mucho por buscarnos otra habitación que fuese de nuestro agrado. Nos cambiaron a la 419, amplia, luminosa, y con vistas parciales a la montaña. No obstante, la insonorización de las habitaciones no es todo lo buena que cabría esperar en un hotel de esta categoría. La habitación disponía de albornoces además de las toallas y un completo set de baño. La limpieza: impecable.
La piscina era diminuta en comparación con el tamaño del hotel, y el jacuzzi estaba estropeado, así que no puedo facilitaros más datos. La sala fitness pequeña pero siempre vacía.
El desayuno bien en cantidad y calidad, pero colocado en un mostrador demasiado pequeño para toda la gente que puede alojarse en un hotel tan grande.
El guardaesquís simplemente correcto. A diferencia de otros hoteles donde dispones de tu propia taquilla, aquí son soportes metálicos con cerradura. Hay que dejar una fianza de 5 euros recuperable en el momento de devolver la llave. Hay unas estanterías altas sobre los guardaesquís, pero son claramente insuficientes para dejar todas las botas, así que el tener o no tener sitio para las botas se rige por la máxima de "tonto el último".
El transporte a pistas es francamente mejorable, al menos en fines de semana. Para 107 habitaciones disponen de 2 furgonetas de 7 plazas y, teniendo en cuenta que la mayoría de esquiadores subimos a pistas a primera hora, se organiza una buena cola. El conductor nos informó que las furgonetas iban y venían a Sextas y Anayet durante todo el día, pero la realidad es que tan sólo un 15% aproximadamente de los viajes los hacen a Anayet, realidad de la que nadie nos informó y que hizo que tuviéramos que esperar casi 45 minutos hasta que vinieron a recogernos. 45 minutos de pie con las botas de esquí, después de una dura jornada esquiando en nieve primavera, y sin un solo asiento en los alrededores, no es precisamente el servicio que se espera de un hotel de cuatro estrellas, sobre todo sin previo aviso.
La atención del personal fue excepcional en todo momento, muy atentos y siempre dispuestos a ayudarte con una sonrisa. No obstante, un tirón de orejas al personal de limpieza que, obviando los horarios de descanso de los clientes y los carteles "No molestar" colgados en las puertas, hacían sus tareas desde demasiado temprano y sin ningún cuidado con los ruidos: aspiradores, movimiento de muebles, charla entre ellas, etc. Que te despierte el vecino de habitación ruidoso y maleducado, mala suerte, el hotel no tiene la culpa. Pero que te despierte la señora de la limpieza a las 9 de la mañana de un domingo ¡no tiene nombre!
Nosotros conseguimos una oferta de 104 euros por noche con desayuno e internet wifi incluidos, y estamos muy satisfechos con la relación calidad/precio, pero probablemente la tarifa oficial resulte demasiado cara para el nivel del hotel comparado con otros 4 estrellas.
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