Nos alojamos en el hotel Palou con la intención de pasar un fin de semana en Sitges pero alejados del ruido. La verdad es que esta casa colonial convertida en hotel es un gran descubrimiento. La habitación, decorada con personalidad y muy buen gusto, y el baño muy amplio con bañera de hidromasaje, ¡genial para relajarse después de un dia de playa! La piscina, preciosa, pero hay que decir que, aunque no fue un problema, el césped podría estar un poco mejor cuidado.
La única cosa que no estaba acorde con la calidad del hotel y el trato dispensado (muy amables los propietarios), fue el desayuno, un poco sencillo y escaso. En este hotel hubiese pegado un desayuno más "personal", con productos más cuidados.
Por lo demás, una estancia genial. ¡Seguro que repetiremos!
