Desde este año es un hotel para adultos (para ser exactos, no admiten huéspedes por debajo de los 16 años). Quien haya probado alguna vez esa experiencia, sabe lo que eso significa, especialmente en la piscina y a la hora de comer. En el turno en el que estuvimos (en la segunda quincena de julio de 2011), la clientela era esencialmente extranjera, especialmente ingleses, alemanes e italianos; calculo que un 25% de los clientes éramos españoles. La edad media rondaría los 50 años. El personal es esencialmente español, muy amable y colaborador.
Piscina y hierba: Tiene una gran piscina en el centro y cuatro zonas de hierba con sombrillas y tumbonas. En torno a las once de la mañana casi todas las sombrillas están cogidas, aunque la piscina tiene un uso más bien bajo. Por el tipo de clientes y su edad, es un remanso de paz.
Habitación: Una habitación típica de un cuatro estrellas de playa de la gama media-alta. Tiene una pequeña terraza con dos sillas y una mesa.
Comedor y restaurante: El buffet está bien, pero no es brillante. En la cena, son mejores los primeros platos y los postres (espléndida pastelería y muy buenos los postres del chef) que las raciones (aunque se puede elegir, contando guisos, pasta, pizza, paella y plancha, entre ocho o diez platos cada día); en el desayuno, aunque hay bollería fresca, no hay zumo de naranja natural; el café no es el peor que he tomado en un hotel, pero es bastante flojo.
Chiringuito: Tiene un menú del día a un precio razonable (10 euros sin bebidas); tres días a la semana montan una barbacoa que es especialmente sabrosa.
Situación: Está situado en una zona que separa las playas de Santo Tomás (a la izquierda, mirando al mar) y la de Sant Adeodato, ambas con servicios, tumbona y chiringuito. Más allá de la de Sant Adeodato, está la playa de Binigaus, que es salvaje. Entre estas dos suman como kilómetro y medio de paseo. El acceso a las playas es prácticamente directo desde el hotel.
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