La atención del personal (recepción, cafetería, restaurante) es lenta, fría, aséptica y prepotente la actitud casi ofensiva. La información solicitada (por ejemplo sobre opciones para realizar una comida dentro del hotel) es despachada monosilábicamente y "como con ganas de acabar pronto".
La habitación me defraudó. Muebles y puertas (no olvidemos que estamos en un 5 estrellas) están viejos y desconchados (tengo prueba gráfica) y con una urgente necesidad de restauración. La dirección del hotel, ¿de veras no cree necesaria la labor de mantenimiento de las instalaciones?.
Cuando, por fin, consigo una respuesta coherente de la amable relaciones públicas, las 3 personas que allí estábamos con un programa de balenario nos dirigimos a comer al lujoso comedor (único abierto, pues al parecer el otro no abría hasta los "días santos"). Unas maravillosas vistas al mar, decorado con gusto, pero con una atención ralentizada al máximo. Debido a un malestar estomacal, yo personalmente comento a mis acompañantes que me apetecería una ensalada mixta, pero no la tienen en la carta. El camarero que me escucha, me oferta esa ensalada. Mi sorpresa es cuando llega la misma. Una presentación epatante: aspecto de corona real ceñida por una diadema hecha con 2 tiras de pepino que cobija a dos medios cuarterones de clara de huevo y una zanahoria más pequeña que mi dedo meñique.
Pero la sorpresa sube a mayúscula cuando veo que las hojas de la lechuga están enteras (tal pareciera que fueran trasplantadas de la tierra al plato). Bien, por tan elaborado plato pagué más de 12 euros, ya no recuerco cuánto más (ni quiero recordarlo).
No pongo reparos al "sablazo", sino a la "tomadura de pelo". Para más INRI, cuando se me cierra el estómago, por el coraje que me da este abuso, el camarero me pregunta si es que no me gustó la comida, a lo que yo respondo que, literalmente, "en cualquier Pensión Pepita saben lo que es una ensalada mixta y que la culpa la tuve yo por pensar que en un hotel de la categoría que se le presupone a este, iba a poder alimentarme un día de malestar (aspectos de los que, por supuesto, dejo constancia por escrito en el pequeñísimo formulario de control de calidad que nos pasan en medio del postre y me pregunto, ¿servirá de algo?¿tomarán nota de las demandas de la clientela?).
La comida de mis 2 acompañantes era aceptable (pero aceptable NO es el concepto que yo tengo del servicio en un 5 estrellas). Me pregunto ¿por qué este hotel sigue manteniendo esa categoría?
En la única cafetería, más de lo mismo. Una espera de más de 15 minutos (por el reloj), cuando ves que hay ocupadas 3 mesas con 9 personas en total y que los camareros charlan animadamente entre ellos y miran para ti en lugar de atender las mesas. Repito, tras 15 minutos de espera por fin te atienden y te traen la consumición con algo para picar (unas almendras exquisitas con la cerveza y pastas para los cafés) PERO SÓLO EL PRIMER DÍA. Cuando vas, al final del resto de las jornadas, a pasar el rato en cafe y tomarte algo antes de retirarte a tus aposentos, pasan de todo y no vuelves a ver ni una tapa (sangrante, si tenemos en cuenta lo que cobran por las consumiciones).
Por lo demás, el balneario bien. Mencionar, si hemos de ser justos, que lo único que respondía a las expectativas era el desayuno, en verdad magnífico.
Si hacemos balance, el resultado es francamente negativo para estos 4 días de estancia (los días inmediatamente anteriores a jueves santo).
Por todo esto, NUNCA recomendaré este hotel a mis amistades y conocidos.