La entrada al hotel, en medio de una plaza muy cuidada y el espectacular hall nos sorprendieron gratamente. Sin embargo, estuvimos esperando unos 20 minutos en el check-in: solo había un recepcionista, a todas luces inexperto y con grandes dificultades para manejar el ordenador. Luego llegó una persona de apoyo, pero aún así tardamos un buen rato, y eso que en total éramos 4 o 5 grupos (personas individuales o parejas) a registrar. Cuando nos tocó, el proceso fue lento y frío.
La habitación estaba situada en el primer piso y con vistas a un espacio desolado, con una piscina pequeña en un rincón. Este espacio estaba parcialmente ajardinado (sólo alrededor de la puerta de acceso), pero al ser de noche no importaba mucho.
Camas grandes y cómodas, pero la habitación pequeña, incluso para los estándares españoles. Baño moderno, equipado correctamente. El aire acondicionado funcionaba a la perfección, al igual que la insonorización interior y exterior.
Bajamos a cenar al restaurante La Sal, especializado en cocina "mediterránea". La decoración fría y de aspecto provisional, con mesas muy pequeñas. Muy poco personal, lo que repercutía en la calidad del espacio (en nuestra mesa, por ejemplo, no se cambiaron los manteles usados por los clientes anteriores; luego vimos que las demás mesas tenían igualmente los manteles sucios y con lamparones). Sin embargo, la cocina bastante correcta -pescado fresco y bien cocinado- aunque las guarniciones no tenían un aspecto muy "fresco" que digamos. La carta de vinos era escasa y además agotada, puesto que sólo tenían un vino blanco disponible (pero este hotel tiene 5 estrellas??).
Luego tomamos una copa en el bar "Alabastro", con una decoración igualmente fría y como provisional. Aquí el problema era grave: el local estaba lleno de clientes y sólo había un camarero: a pesar de sus esfuerzos (el chico se veía muy apurado) las mesas estaban completamente desbordadas de los servicios anteriores, y el público desatendido. Además, algunos huéspedes querían comer, y sólo les ofrecían pizza (que llegaba en cuantagotas). Aún así, el camarero era muy amable y intentaba cumplir sus obligaciones lo mejor que podía. Luego llegaron los camareros del restaurante para servir, pero las mesas continuaron desbordadas y llenas de botellas y platos sucios.
A la mañana siguiente decidimos saltarnos el desayuno y nos encaminamos a la recepción para hacer la inevitable "cola" del check-out, pero esta vez el proceso fue muy rápido y el recepcionista extremadamente profesional, amable y discreto.
Concluyendo, falla la gestión del personal y desde luego la dirección de este establecimiento no está a la altura de la cadena. Con un buen rodaje, el Renaissance puede ser un correcto hotel de aeropuerto. Mientras tanto, mejor evitarlo.
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